sábado, 12 de julio de 2008

Cambiemos de tercio: Vuelvo a los años 2004 a 2007. Durante ese tiempo no trabajé más que en la historia de “El tiempo arrebatado”. Aquel tiempo fue mío, nadie pudo quitármelo (como bien intuía Álvaro Pons) y dio para abocetar, reflexionar, cambiar, buscar nuevos estilos y tramas, rehacerlo todo varias veces y aprender algunas cosas sobre el oficio de narrador.

Revisándolos con la perspectiva del tiempo, descubro que hay muchos bocetos, casi todos en realidad, que me gustan más que las páginas terminadas.







2 comentarios:

enrique dijo...

Completamente de acuerdo. Tus bocetos tinen una fuerza que echo en falta en estas páginas terminadas. ¿La potencia del lápiz, tal vez?

Antonio Navarro dijo...

Supongo que lo que hace más atractivo a un boceto es su metafísica, su cualidad de concepto, de promesa, mientras que un dibujo terminado es una realidad. Mientras las promesas mantienen abiertas todas las expectativas, todas las esperanzas (“the expectations”, sin haberlo planeado, llegamos al corazón de este blog) y dejan que cada mirada individual ponga lo que estima que falta; por el contrario, los dibujos finales son realidades y, como tales, siempre son frustrantes. Son lo que son, ya no hay posible mejora y, como las sentencias del tribunal supremo, son inapelables.